Adieu

Adieu
photo de Anya Bartels-Suerdmont

vendredi 30 août 2013

Au moins j'ai économisé du carburant

Le lendemain du mano à mano Fandiño-Perrera, il y avait notamment ce petit torero qui m'intéresse beaucoup, Alberto Aguilar, avec Castaño et Mora devant des Adelaïda Rodriguez. J'étais en vacances, avec charge de famille et je n'ai pas voulu abuser, d'autant qu'icelle était partante pour venir avec moi le lendemain. Et évidemment, il s'est confirmé que lorsqu'on part en quête du Graal, on n'emmène pas la poussette (Karen Blixen). J'aurais du assumer l'égoïsme forcené du bon aficionado : abandonner les miens sans moyen de locomotion, les laisser plantés là-haut sur la colline basque à regarder au loin l'océan sans possibilité d'aller s'y tremper. Car qu'est-ce qu'une reconnaissance conjugale passagère, le bénéfice d'un bain, sur la rétine et la mémoire, fut-il de mer, face au combat héroïque d'un petit homme de 57 Kg aux prises à un mastodonte de sobrero du Puerto de San Lorenzo plus haut que lui et de douze fois son poids ? Oui, estimé entre 675 et 700Kg, parfaitement.
Le Correo titrait : Se destapa Alberto Aguilar et commençait son coup de chapeau par le chapô suivant :

Tarde casi redonda del pequeño torero madrileño, todo pundonor, listeza, corrazon y sentido del toreo. Emocionante pelea con un noble, flojo y gigantesco sobrero.

Alors ? Hein ? Quand je vous le disais qu'il était à suivre le petit Alberto pourvoyeur de frissons... ça vous dirait pas un cartel pelea-style avec A.Aguilar, Fandiño et le Juli qui se déchaînerait en formidable compétiteur qu'il est, devant six Escolar ? Mmm ? Non ? Ben allez vous faire voir, vous n'êtes jamais contents ! Z'avez qu'à organiser à Roquetas del Mar (la portative pas la principale...) une encerrona de becerros de ''Rassis de la puntilla'' pour Pepito de la Marisma, Fermin del Campo et le leader unijambiste des Bomberos Toreros... ça peut être très taurin aussi, remarquez.

Mais Barquerito, dans le Correo, poursuivait ainsi :

Era tarde de dos debutantes en Bilbao. De un lado, la ganadería, de Adelaida Rodríguez, con corrida completa que se torció más de lo previsto. Por flojera o falta de motor, y no por otra razón. De Adelaida se había visto en Bilbao algún sobrero encastado y guerrero. Novedad absoluta era Alberto Aguilar, madrileño de Fuencarral, que lleva cuatro o cinco temporadas batiéndose el cobre, primero en la Francia del circuito torista y luego aquí, sin dejarse escapar ni una de las bazas francesas.

Torero de acento épico, porque es de corta estatura, y eso es parte de la emoción, y porque se atreve con lo que sea. Por ejemplo, con un sobrero de casi 700 kilos del Puerto de San Lorenzo que, quinto tris de esta corrida en que se abrió hasta nueve veces la puerta del toril, parecía repescado de alguna que otra circense batalla. Le buscó y encontró las cosquillas, y lo acabó teniendo en pie aunque quisiera perder no poco las manos, y dejándolo de seda. Oso domado.

Un torero muy de escuela, de la de Madrid. Pero no solo de escuela, porque la escuela sola no da tanta listeza, ni tanto celo, ni tanta ambición. Las tres cosas tiene Alberto. Su seña de identidad. Vino a Bilbao tapado y salió de esta corrida de nueve toros más que descubierto. Toreó los dos toros que mató a estoque, pero tuvo que ponerse delante de cinco. De cinco propios. Y de los dos del lote de Javier Castaño, primero y cuarto de festejo. Con esos dos quitó en su turno. Por valencianas o tapatías, y remate de revolera, en el toro que rompió plaza. Por faroles en el cuarto. Los dos quites fueron de escuela, porque se aprenden y enseñan en las escuelas, pero los dos tuvieron un punto personal. Nadie se esperaba que Alberto fuera a salir a quitar. Fue sorpresa eso. Y sorpresa el don de la oportunidad, que no siempre se siente en tales trances. Breves los quites, como tiene que ser. Y con firma y rúbrica. Para servir en claro el perfil del torero. Para descubrirlo.

Y, en fin, el corazón en pálpito tranquilo para ponerse Alberto sin aflicción delante de cinco toros. Los que se soltaron para él. El segundo de los seis de Adelaida, el mejor hecho de la corrida, con sus dos puntas afiladísimas, acucharado, que se empleó con fijeza en una primera vara pero perdió las manos bajo el peto, cobró luego un picotazo trasero y volvió a perderlas, y entonces fue devuelto. Alberto anduvo fino lidiando al toro: dos lances para dejarlo en suerte, y ni uno más. No llegó a caerse el toro, pero se curó en salud el palco. Se corrió turno y, en lugar del sobrero, se soltó el quinto de sorteo. Otro toro bien hecho. Suavón y frío, las fuerzas justitas, bueno el son. Se puso a chispear, se distrajo la gente buscando el abrigo cubierto de las galerías de Vista Alegre.

Bien aquilatada la faena de Alberto. De tandas cortas, como conviene cuando el toro está en el alambre, pero de menos a más las dosis. La cuarta tanda fue ya de cuatro ligados y el de pecho. En la quinta, se descaró Alberto. Con la zurda, que es su mano látigo. Suelto, alegre, confiado. El toro en la mano. Música. Una tanda de costadillo antes de cuadrar. Una estocada caída, otra trasera, un descabello, un aviso y una ovación no mendigada sino de las que se recogen desde los medios.

Y tres toros más. De quinto, el sobrero de Adelaida, playero, con pies para estirarse y galopar, abanto, grave flojera. Devuelto tras la segunda vara, que lo dejó tocado. Un segundo sobrero en la nómina. De Puerto de San Lorenzo. No más pesado que cualquiera de los de Adelaida pero mucho más cuajado. Lo toreó de capa Alberto con buen aire. Al toro empezaron a patinarle las manos enseguida, empujó en una vara pero se derrumbó en costalada al salir de ella. Una protesta agria, un segundo puyazo simulado y el pañuelo verde asomó por tercera vez. Ya no llovía.

Al tercer sobrero, fuera de programa, le dieron 676 kilos. Más de diez veces el peso del propio Alberto. No le temblaron al torero las piernas ni las manos ni las ideas. Hecho de ánimo, salió sin demora. Un desarme. Se soltaba el toro, lidia sobre las piernas, perfecto el apoyo de su gente –bregaba Rafael González-, un quite por chicuelinas y se levantó el espectáculo, que estaba por entonces reventado. La pelea de David y Goliat. No de otra manera. Puesto delante del toro, Alberto parecía oculto por su sombra. Frente a frente montaban casi lo mismo. El hombre y la bestia. Talento de Alberto para administrar las fuerzas del toro, que eran legítimas, pero se le iban las manos; pulso para sujetarlo; conmovedora firmeza; cuerpo a cuerpo. No hubo música. Ni hizo falta. Rajadita del toro en busca de las tablas y desde casi los medios. Y ahí ganó la batalla Alberto. Entre rayas y tablas. Un circular antológico, un cambio de mano, tres genuflexos por abajo, el cambiado de remate y, cuadrado casi solo el toro, la espada entera por arriba no se sabe ni cómo. Cara la oreja. Un clamor. Las ocho y media de la tarde noche.



Compris ? Ben oui mais je ne suis pas égoïste, moi, je me suis sacrifié, voilà... et j'ai raté ça... Ai-je pour autant été porté au nues de l'exemplarité conjugale ? C'est ça le drame : non. Tout ce que tu fais pour ta progéniture est normal, mec. Sinon, t'avais qu'à pas. Fallait mettre une funda à l'extrémité. Et pis c'est tout. T'aurais été moins belliqueux, euh... Et en plus, tu dois subir sans broncher la vision subversive des cuisses nues à hauts talons des bilbaïnes. Non mais Allô, quoi... vous savez ce qu'on est les mecs ? Des héros, je vous le dis, moi. Parce que vos femmes ne vous le diront jamais. Même pas à l'Ania la polka, on s'inscrira...
Quand je pense qu'il y a des mecs qui veulent me recevoir à la radio pour s'entretenir de ma dernière publication... quand ils vont découvrir mon blog, ça va leur faire un choc...
Bon ben... otra vez alors pour les Victorino Martin...

                                                                                            Photo de l'article Agustin Arjona

Aucun commentaire: