Adieu

Adieu
photo de Anya Bartels-Suerdmont

mardi 18 septembre 2012

Zabala de la Serna por El Mundo

Variedad, verdad, dominio, seda, la perfección de los tiempos, faenas exactas.


Apoteosis por la Puerta de los Cónsules del más grande, que indultó al cuarto.


Zabala de la Serna
Nimes


Impresionante el rictus de José Tomás en la hora del paseíllo. Se caía el Coliseo en la ovación. Un capote colorido sobre un terno gris pizarra y oro mexicano bordado. El saludo reverencial. Y a la verónica la solemnidad intercalada con chicuelinas de manos bajas. Arrastrado el vuelo. El toro de Victoriano del Río, rematado, redondo y armónico. Dos puyazos perfectos, pero en el quite con el capote a la espalda, soltando una mano, amagó con pirarse. Clave el trato de JT en los medios con la muleta para dosificarle su noble condición, mejor por la mano derecha. Faena de corte vertical, geométrica la colocación, las puntas de las zapatillas mirando a la embestida. Estocada hasta la bola. Dos orejas.

El segundo, de Jandilla, salió violento y montado. Astracanada la testuz. Muy berreón. Se dolió en banderillas tras un quite por dentales y tafalleras. Dibujada la serpentina. JT pudo al toro desde un principio por trincherazos. Tres series por abajo con la mano derecha a cámara lenta lo reventaron literalmente. Le quitaron todo menos el mugido. Y ese fondo áspero que no se vio pero que volvió a salir en las manoletinas y sobre todo en el espadazo final: le puso los pitones en el pecho. Cayeron otras dos orejas para una faena exacta.

El del Pilar apareció metiéndose por dentro en capotes. Largas las hechuras. Muy de la casa. Quite afarolado de JT. Y muy poderosas y claves las dobladas del prólogo. Y siete derechazos ligados, siete, sobre la mano derecha. Y otro racimo más tan frondoso. Perfecto. El pitón izquierdo de el de El Pilar no era. Soltaba la cara. Pero le consintió. Paciencia y temple de uno en uno. Un broche por laserninas. Y otro cierre a dos manos, genuflexo y por alto. Estoconazo. Dos orejas y gritos de torero, torero, torero. Sentido de la medida, la variedad y la intensidad. El dominio absoluto.


El cuarto, de Parladé, de nombre 'Ingrato', saltó al callejón. Susto. Cuando volvió al ruedo, JT lo durmió a la verónica. Y quitó por caleserinas. La faena sin ayuda. Empezó con el cartucho de pescado. Y la izquierda. La faena soñada. A placer. Qué manera de torear, qué izquierda de oro, que despacio. Así lo soñamos. Y por la derecha igual. Sin la ayuda, repito, sin la ayuda. Los pitones pasaban a cámara lenta por las espinillas. Ritmo, compás, ligazón, un sueño. A la gente le dio por pedir el indulto. No sé si lo era o no. Pero el toro era de vacas, o sea. Merecía la pena con tal de ver a JT seguir toreando al natural. Pureza cristalina. Asomó el pañuelo naranja. JT lo celebró. Y simuló la suerte de matar. Dos orejas y rabo simbólicos. De rabo era la faena. Pero JT dejó él máximo galardón en el centro. Protestaron la vida perdonada algunos. La vida ganada con dulzura. E incansable bravura de fondo.


Siguió el recital con un quinto de Garcigrande, castaño, terciado, justo de fondo, para ser seda. Si había sido hierro con el de Jandilla y El Pilar, ahora el pulso para tirar. Un quite por chicuelinas, un galleo con el capote a la espalda. Un final genuflexo apoteósico. Vivas a Colombia, a México, a Francia. Cataluña presente. Se resistía el presidente a la segunda oreja. Era el todo, monsieur. El espadazo. La perfección, el concepto global de una corrida de seis toros, el orden, las lidias. Cayó el doble premio. 10 orejas y rabo en cinco toros. Y la dignidad de los cinco, el respeto al publico y al toro. De los seis. No se recuerda una gesta igual. La entrega y preparación bajo el sol. La de Dios en la tierra de la Tauromaquia.


El último era también de Victoriano del Río. Cumbre la ultima cuadrilla. Otro brindis al publico. "Eres la verdad del toreo", le dijeron. Y un pase cambiado por la espalda para despedirse. Para abrir, para andar en torero. No humillaba el de Victoriano, muy quedo además. Un arrimón en toda regla. Aún había fuelle en ese corazón pletórico. Con todo hecho. Chapó, mil veces chapó. Embistió el fenómeno de Galapagar más que el toro. Como el quite por Gaona. La estocada quedó sueltecita. Seis de seis. Pero no tenía muerte. O sí porque se echó. Qué fecha tan histórica. Oreja para sumar once. La Puerta de los Cónsules esperaba al dios del Toreo.

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